Auditoría & Co

Un estudio del MIT sobre proyectos de IA (NANDA) dejó un dato incómodo.

Solo un 5% consiguió impacto medible relevante.
El otro 95% tenía IA. Tenía pilotos. Tenía presupuesto. Tenía pruebas. Tenía presentaciones. Tenía gente diciendo que aquello prometía. Lo que no tenía era una mejora clara en el negocio.

No traigo el dato para hacer alarmismo. Lo traigo porque confirma algo que veo cada vez más en despachos profesionales.
Se prueba una herramienta. Se usa para resumir un documento. Se redacta un correo. Se revisa una hoja de cálculo. Alguien prepara una demo interna. Todo el mundo asiente un poco.

Y después la cosa se queda ahí.
Sin medir. Sin comparar. Sin saber si ha mejorado algo de verdad o solo ha dado esa sensación tan peligrosa de estar avanzando.

Esta es una de las trampas de la IA. Es muy fácil que parezca útil. Lo difícil es demostrar que ha mejorado una tarea concreta.
En tiempo. En errores. En calidad de revisión. En carga para el equipo. En trazabilidad. En capacidad de supervisión.

Y ahí muchos proyectos se desinflan porque se intenta poner IA encima de un proceso que nadie ha medido, nadie ha ordenado y nadie ha definido bien.

Eso no es transformar. Es barnizar.

Y el barniz puede quedar bien en una presentación, pero aguanta mal el trabajo real de un despacho: plazos, clientes, expedientes, interrupciones, revisiones, criterio senior, responsabilidad profesional.

Por eso creo que la forma más sensata de empezar no suele ser una gran estrategia de IA. A veces es bastante menos vistosa.

Elegir una tarea. Una sola.
Una tarea que consuma horas del equipo. Que se repita todas las semanas. Que tenga volumen suficiente. Que no concentre el juicio profesional en cada paso. Y que pueda medirse antes y después.

Primero se mide cómo se hace hoy. Cuánto tarda. Quién interviene. Dónde se atasca. Qué errores se repiten. Qué revisión exige. Qué evidencia queda.

Después se prueba otra forma de hacerlo durante un periodo acotado. Treinta, cuarenta y cinco o sesenta días.

Y se vuelve a medir. Sin fuegos artificiales.
Si mejora, tienes un dato para decidir. Si no mejora, también.

Y eso vale mucho más que una sensación.

Porque en un despacho profesional el problema no es usar IA. El problema es confundir uso con avance.

Una demo no es una implantación. Un ahorro supuesto no es una evidencia. Una sensación del equipo no es una medición.

La pregunta no debería ser: "¿Qué herramienta de IA vamos a probar?"
La primera pregunta debería ser: "¿Qué tarea concreta queremos mejorar y cómo sabremos si ha mejorado?"

A partir de ahí se puede hablar de soluciones. Antes, muchas veces, solo estamos comprando entusiasmo.

¿Cuál sería la primera tarea de tu despacho que merecería una medición seria antes de hablar de IA?

Ismael Llamazares , Auditor ROAC | CEO de Evidentia Auditores y StratIA Global

Categoria

Auditoría General

Fuente: Evidentia Auditores / Ismael Llamazares

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